Una nueva generación libre de excusas y limitaciones

0 comments — posted 2010 Oct by Diego Cruz

En el año 2000, las Naciones Unidas declararon el 12 de agosto como “Día Internacional de la Juventud”, dedicado a examinar la labor y el papel que cumplen los jóvenes dentro de la sociedad, así como los retos que ellos enfrentan.
 
¡No cabe duda que este es un tema que despierta una gran diversidad de opiniones! Mientras algunos declaramos con esperanza y entusiasmo que los jóvenes son el futuro del mundo, otros manifiestan su preocupación al saber que en sus manos se encuentra el mañana del planeta. Mucho se discute acerca de la pérdida de valores y la actitud apática y desinteresada de las nuevas generaciones. Y en medio de tal variedad de juicios, opiniones y expectativas, nos preguntamos si hay espacio para sentirnos optimistas.
 
Después de todo, basta con leer cualquier periódico, no sólo de nuestro país, sino del mundo entero, para advertir los grandes retos que afronta la juventud actual. Retos que van desde su visión sobre sus metas y futuro profesional, las presiones externas (peer pressure), y el estrés escolar, hasta situaciones relacionadas con la sexualidad, las drogas o el acoso escolar (bullying). De otros temas preferimos no hablar porque los vemos como un reflejo de nuestros propios fracasos; cuestiones como las profundas depresiones que muchos de ellos sufren, su incapacidad para afrontar el divorcio de sus padres, o el hecho que encuentren la vida tan dolorosa que opten por ver el suicidio como una opción.
 
Sin embargo, cuando vemos alguno de esos titulares en cualquiera de nuestros periódicos, la primera pregunta que viene a la mente es: ¿De quién es la culpa? Los padres culpan a las escuelas por no saber orientar a los jóvenes. Las escuelas responsabilizan a los padres por no estar más involucrados en la educación de sus hijos, y todos culpan a los medios, a la música o al cine por proyectar valores equívocos que han descarriado a la juventud. El problema de buscar culpables es que... ten la seguridad que siempre los vas a encontrar.

En lugar de preguntarnos de quién es la culpa, una mejor pregunta sería: ¿Qué podemos hacer para que nuestros jóvenes se conviertan en arquitectos de su propio éxito? Sin duda, este es el más importante de todos los retos que enfrenta la juventud, aceptar el 100% de la responsabilidad por su éxito.
 
Y este es un desafío en el cual todos podemos trabajar juntos. Los padres, comunicándose más con sus hijos —menos sermones y más ejemplo—; los profesores, entendiendo que su mayor prioridad es sacar a relucir el potencial que se encuentra en cada uno de sus estudiantes; y los jóvenes, entendiendo la gran enseñanza que encierra aquel sabio poema del gran escritor mejicano Amado Nervo, que lee en parte: “Porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino”. Si entendemos la profundidad de estas palabras, comprenderemos que sí hay muchas razones para sentirnos optimistas.

El extraordinario poder de las autoafirmaciones

5 comments — posted 2009 Nov by Diego Cruz

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Hace algún tiempo, en un seminario sobre el desarrollo de la autoestima, el doctor Alan Zimmerman, del Management Center de la ciudad de Miniápolis, en los Estados Unidos, realizó un experimento que dejó muy en claro el poder de las autoafirmaciones.

El doctor Zimmerman pidió a un joven de la audiencia que saliera al frente, extendiera sus brazos hacia los lados, y los sostuviera en dicha posición lo más rígido posibles, mientras él trataba de empujarlos hacia abajo. Con cierta dificultad, logró moverlos unos pocos centímetros. Lo que buscaba era tener una idea clara de la fuerza que este joven tenía en sus brazos.

Posteriormente, le pidió al joven que durante unos treinta segundos repitiera en voz alta una serie de afirmaciones negativas como: ¡Soy feo! ¡Soy un perdedor! ¡Soy un estúpido! ¡No sirvo para nada!, y otras cosas por el estilo. Inmediatamente después le pidió sostener nuevamente sus brazos extendidos y rígidos, y de nuevo comenzó a empujarlos hacia abajo. Lo sorprendente es que esta vez logró doblarle los brazos con una facilidad impresionante.

Todo lo que se necesitó fueron treinta segundos de programación negativa para afectar la autoestima de este joven al punto que perdió inclusive su fuerza física. Mi espíritu científico me obligó a probar personalmente este experimento y lo hice en una de mis presentaciones. Los resultados fueron exactamente los mismos. Yo sabía el efecto que las afirmaciones negativas podían tener sobre la actitud de una persona, pero me impresionó ver lo que podían hacer sobre el nivel energético del cuerpo.

Al respecto, Napoleón Hill observaba que uno llega a creer cualquier cosa que se repita a sí mismo, así sea una afirmación verdadera o falsa. Si alguien repite una mentira una y otra vez, con el tiempo la aceptará como algo cierto. De ahí en adelante, la mente comenzará a aceptarla como una verdad absoluta, y actuará de acuerdo a esta nueva realidad que ha programado. ¿Qué puedes hacer con esta información? Empieza por cambiar las afirmaciones negativas que has utilizado hasta el momento, por afirmaciones positivas que dibujen en tu mente los resultados que deseas obtener. Formúlalas en tiempo presente, como si ya estuvieran ocurriendo o fueran a ocurrir en un futuro inmediato. Recuerda que cuentas en este momento con todo lo que necesitas para triunfar. Tú tienes que creer esto. Ésta es la única manera de utilizar el poder que se encuentra guardado en el interior de tu subconsciente.

Fragmento de la Ley de la Atracción

¿Excusas Yo?¡Nunca! - por Dr. Camilo Cruz

2 comments — posted 2009 Nov by Diego Cruz

Las excusas son las vacas más comunes. Son una forma cómoda de eludir nuestras responsabilidades y La Vaca

justificar nuestra mediocridad, encontrando culpables por todo aquello que siempre estuvo bajo nuestro control. Las excusas son una manera de decir: “Yo lo hice pero no fue mi culpa”.

  • Reprobé el examen pero la culpa fue del maestro que no nos dio suficiente tiempo para estudiar.
  • No he avanzado en mi trabajo pero la culpa es de mi jefe que no aprecia mi talento.
  • Fracasé en mi matrimonio pero la culpa fue de mi esposa que no hizo un esfuerzo por comprenderme.

Es posible que lo que estemos tratando de justificar con cualquiera de estas excusas sea una mala nota en la escuela, un rechazo en nuestra relación, un conflicto en el trabajo, o una crítica. Ahora bien, no hay nada malo con tratar de evitar estas situaciones poco placenteras. Sin embargo, debemos entender que evadirlas no nos permite enfrentar y corregir el problema real que necesita ser resuelto.

Lo que estas excusas buscan es exonerarnos de toda responsabilidad y colocarnos en el papel de víctimas. Lo peor de todo es que, mientras pensemos que alguien más es el culpable, no haremos nada para remediar dicha situación. Después de todo, no es nuestra culpa.

Hay sólo tres verdades acerca de las excusas. La primera es que si verdaderamente quieres encontrar una disculpa para justificar cualquier cosa, ten la plena seguridad que la hallarás sin mayor dificultad.

Cuando Samuel tuvo que confrontar la difícil realidad de cambiar drásticamente su dieta alimenticia e implementar un riguroso plan de ejercicio físico para lidiar con la diabetes con la cual había sido diagnosticado, él encontró suficientes excusas para no hacerlo. A pesar de que era su vida la que estaba en peligro, él se rehusaba a tener que cambiar su estilo de vida. “Infortunadamente no tengo suficiente tiempo para ejercitar todo lo que debiera,” “esta es la manera como siempre he comido,” “trabajo hasta muy tarde, lo cual me impide levantarme temprano para ir al gimnasio,” “si comiéramos sólo aquello que es bueno para nuestra salud nos moriríamos de hambre de todas maneras.” Samuel llegó al punto de utilizar el nefasto adagio: “De algo tenemos que morirnos, ¿no es cierto?” El problema es que ninguna de estas excusas le ayudará a mantener su diabetes bajo control. Esperemos que se dé cuenta de eso antes de que sea demasiado tarde.

Infortunadamente, no toda las personas logran hacerlo a tiempo. Recuerdo el caso de un empresario con quien tuve la oportunidad de trabajar hace ya varios años. Era uno de esos fumadores empedernidos que habían terminado por aceptar su mal hábito como una de esas cosas sobre las cuales simplemente no tenía ningún control. Poco antes de morir, víctima de un enfisema pulmonar dijo: “no puedo creer que haya permitido que este absurdo hábito me haya matado.”

Lo segundo de lo cual puedes estar seguro una vez comiences a utilizar cualquier excusa, es que encontrarás aliados. ¡Sí! No importa qué tan increíble y absurda pueda sonar tu excusa, vas a encontrar personas que la crean y la compartan. Tanto así, que las escucharás decir: “yo sé como te sientes porque a mí me sucede exactamente lo mismo”.

Finalmente, la tercera verdad acerca de las excusas es que una vez las utilices, notarás inmediatamente que nada habrá cambiado. El problema que estabas evitando enfrentar mediante la excusa continuará igual. No habrás avanzado hacia su solución sino que, por el contrario, habrás retrocedido. Peor aún, cada vez que utilizas dicha excusa, la llevas un paso más cerca de convertirse en realidad.

Cada vez que dices “no tengo tiempo” buscando justificar el no hacer lo que sabes que debes hacer, pierdes un poco más de control sobre tu tiempo y tu vida. Pronto comienzas a notar que estás viviendo una vida reactiva, de urgencia en urgencia, sin tiempo para hacer aquello verdaderamente importante para ti. Cada vez tu excusa adquiere una mayor validez, hasta que
termina por ser parte de tu realidad.

Repetir y reafirmar estas ideas y creencias erradas tiene un efecto paralizante sobre nosotros. Lo interesante es que cuando nos detenemos a evaluar si dichas ideas son ciertas o no, descubrimos que muchas de ellas son falsedades que han perdurado gracias a que nadie tomó el tiempo para cuestionar su veracidad. Porque lo cierto es que todos tenemos todo el tiempo que necesitamos; ni un minuto más, ni un minuto menos. Tanto el triunfador como el fracasado cuentan con veinticuatro horas en su día. La única diferencia entre ellos es la manera como eligen invertir su tiempo.

Indudablemente, las excusas son una manera simple de evitar lidiar con el peor enemigo del éxito: la mediocridad. Así que olvídate de las excusas. Tus amigos no las necesitan y tus enemigos no las creerán de todas maneras.

Fragmento del libro: LA VACA