Las excusas son las vacas más comunes. Son una forma cómoda de eludir nuestras responsabilidades y La Vaca
justificar nuestra mediocridad, encontrando culpables por todo aquello que siempre estuvo bajo nuestro control. Las excusas son una manera de decir: “Yo lo hice pero no fue mi culpa”.
- Reprobé el examen pero la culpa fue del maestro que no nos dio suficiente tiempo para estudiar.
- No he avanzado en mi trabajo pero la culpa es de mi jefe que no aprecia mi talento.
- Fracasé en mi matrimonio pero la culpa fue de mi esposa que no hizo un esfuerzo por comprenderme.
Es posible que lo que estemos tratando de justificar con cualquiera de estas excusas sea una mala nota en la escuela, un rechazo en nuestra relación, un conflicto en el trabajo, o una crítica. Ahora bien, no hay nada malo con tratar de evitar estas situaciones poco placenteras. Sin embargo, debemos entender que evadirlas no nos permite enfrentar y corregir el problema real que necesita ser resuelto.
Lo que estas excusas buscan es exonerarnos de toda responsabilidad y colocarnos en el papel de víctimas. Lo peor de todo es que, mientras pensemos que alguien más es el culpable, no haremos nada para remediar dicha situación. Después de todo, no es nuestra culpa.
Hay sólo tres verdades acerca de las excusas. La primera es que si verdaderamente quieres encontrar una disculpa para justificar cualquier cosa, ten la plena seguridad que la hallarás sin mayor dificultad.
Cuando Samuel tuvo que confrontar la difícil realidad de cambiar drásticamente su dieta alimenticia e implementar un riguroso plan de ejercicio físico para lidiar con la diabetes con la cual había sido diagnosticado, él encontró suficientes excusas para no hacerlo. A pesar de que era su vida la que estaba en peligro, él se rehusaba a tener que cambiar su estilo de vida. “Infortunadamente no tengo suficiente tiempo para ejercitar todo lo que debiera,” “esta es la manera como siempre he comido,” “trabajo hasta muy tarde, lo cual me impide levantarme temprano para ir al gimnasio,” “si comiéramos sólo aquello que es bueno para nuestra salud nos moriríamos de hambre de todas maneras.” Samuel llegó al punto de utilizar el nefasto adagio: “De algo tenemos que morirnos, ¿no es cierto?” El problema es que ninguna de estas excusas le ayudará a mantener su diabetes bajo control. Esperemos que se dé cuenta de eso antes de que sea demasiado tarde.
Infortunadamente, no toda las personas logran hacerlo a tiempo. Recuerdo el caso de un empresario con quien tuve la oportunidad de trabajar hace ya varios años. Era uno de esos fumadores empedernidos que habían terminado por aceptar su mal hábito como una de esas cosas sobre las cuales simplemente no tenía ningún control. Poco antes de morir, víctima de un enfisema pulmonar dijo: “no puedo creer que haya permitido que este absurdo hábito me haya matado.”
Lo segundo de lo cual puedes estar seguro una vez comiences a utilizar cualquier excusa, es que encontrarás aliados. ¡Sí! No importa qué tan increíble y absurda pueda sonar tu excusa, vas a encontrar personas que la crean y la compartan. Tanto así, que las escucharás decir: “yo sé como te sientes porque a mí me sucede exactamente lo mismo”.
Finalmente, la tercera verdad acerca de las excusas es que una vez las utilices, notarás inmediatamente que nada habrá cambiado. El problema que estabas evitando enfrentar mediante la excusa continuará igual. No habrás avanzado hacia su solución sino que, por el contrario, habrás retrocedido. Peor aún, cada vez que utilizas dicha excusa, la llevas un paso más cerca de convertirse en realidad.
Cada vez que dices “no tengo tiempo” buscando justificar el no hacer lo que sabes que debes hacer, pierdes un poco más de control sobre tu tiempo y tu vida. Pronto comienzas a notar que estás viviendo una vida reactiva, de urgencia en urgencia, sin tiempo para hacer aquello verdaderamente importante para ti. Cada vez tu excusa adquiere una mayor validez, hasta que
termina por ser parte de tu realidad.
Repetir y reafirmar estas ideas y creencias erradas tiene un efecto paralizante sobre nosotros. Lo interesante es que cuando nos detenemos a evaluar si dichas ideas son ciertas o no, descubrimos que muchas de ellas son falsedades que han perdurado gracias a que nadie tomó el tiempo para cuestionar su veracidad. Porque lo cierto es que todos tenemos todo el tiempo que necesitamos; ni un minuto más, ni un minuto menos. Tanto el triunfador como el fracasado cuentan con veinticuatro horas en su día. La única diferencia entre ellos es la manera como eligen invertir su tiempo.
Indudablemente, las excusas son una manera simple de evitar lidiar con el peor enemigo del éxito: la mediocridad. Así que olvídate de las excusas. Tus amigos no las necesitan y tus enemigos no las creerán de todas maneras.

Comments
lo que dice es muy cierto… increible que algo tan evidente, no se vea fácil.. me queda claro.. voy a eliminar las excusas de mi vida… mil gracias.. si tienes otras enseñanzas te las agradezco al igual que me cuente en que lo puedo ayudar….. saludes
casm
Hola empecé a leer el libro del doctor Camili (la vaca) por recomendacion de un amigo, si bien es cierto podìa haber leìdo el libro en cuestiòn de horas pero el propòsito no era tan sólo leerlo sino que puediera realizar algún cambio en mi vida cuando lo terminace, el primer día leí las 58 primeras paginas luego lo terminè en 3 días más, confieso que el cambio no fue de inmediato pero dejé en mí las ganas y a motivación suficiente como para determinar que mi vida necesitaba un cambio..prometo volver a dejar mis comentarios luego de dar el paso tan esperado en mi vida.. EL CAMBIO, dejar de culpar a terceros de mis actos y asumir las consecuencias sean buenas o malas, con los tropiezos de la vida aprendemos, sin ellos no lo hacemos y sòlo evitamos algo a que posiblemente le tememos y desconocemos.. pero que pena que no fuimos los suficientemente capaces para experimentarlo.
Gracias!!!